¿Qué fue exactamente la operación Ítaca?
La operación Ítaca fue el intento más ambicioso de los últimos tres meses para Devolver a María Corina Machado a Venezuela. El plan bautizó con un nombre en clave una travesía que prometía ser directa: navegar desde Panamá hasta las costas venezolanas en una pequeña embarcación de recreo, cruzando el Caribe en unos dos días. Era el séptimo intento desde que Machado salió clandestinamente de su país nueve meses antes. Nuestra misión, en primera persona, era acompañarla en el último tramo y contar para ABC ese regreso que parecía inevitable. Llegamos a Panamá el domingo por la tarde con ropa para pocos días, una mochila impermeable con lo imprescindible y una instrucción clara: estar preparado para moverse en cualquier momento.
¿Por qué se frustraron todos los intentos de regreso?
Porque entre la intención de volver y la realidad material existe una cadena larguísima de eslabones que ningún gobernante controla por completo. Durante nuestra estadía en Panamá presenciamos cómo se cancelaban planes uno detrás de otro en menos de 24 horas: una embarcación averiada, un chárter detenido antes del despegue, permisos que no llegaron, islas holandesas que aparecían y desaparecían como posibles puertas de entrada. Y es que, como vimos con nuestros propios ojos, cada obstáculo encontraba una alternativa y cada alternativa terminaba chocando contra otro muro.
¿Por qué la operación Ítaca generó tanto interés internacional?Porque detrás de María Corina Machado estaba el resultado electoral de 2024, años de oposición al chavismo y ahora también el Premio Nobel de la Paz. Su regreso a Venezuela no era solo un movimiento logístico: representaba devolver al interior de Venezuela a la dirigente que había movilizado a la oposición precisamente cuando Washington trataba de administrar una transición apoyándose en parte de las estructuras que habían sobrevivido a Maduro. Eso ayudaba a entender por qué su vuelta podía resultar incómoda para algunos actores.
El regreso de María Corina Machado a Venezuela: la historia que nadie esperaba contar
Cuando aterrizamos en Ciudad de Panamá aquellos primeros días de septiembre, cuatro planes habían quedado atrás desde finales de junio, pero solo se conocían dos. Llegamos con la convicción de que estábamos presenciando los últimos capítulos de una odisea que había comenzado casi tres meses atrás en secreto. La operación Ítaca no era el primer intento: desde aquel mes Machado había probado un avión privado desde Estados Unidos, un vuelo comercial desde Panamá y otras rutas, incluida una terrestre. Lo que debía ser una travesía arriesgada por el Caribe acabó convirtiéndose ante nosotros en una saga de contratiempos. En las horas siguientes recibimos instrucciones fragmentarias, cambiamos de planes, pasamos largas horas esperando el siguiente movimiento, y lo que solo había empezado como una aventura marítima se transformó en una crónica de desencuentros burocráticos y técnicos.
Panamá como escenario: entre documentos, miedos y esperas interminables
Sobre un mapa, Panamá, Curaçao, Aruba y Venezuela parecían dibujar una ruta relativamente sencilla, que se iba a cubrir rápido. Aquellas horas de espera hicieron evidente todo lo que podía interponerse entre un punto y otro: manifiestos de vuelo, permisos de aterrizaje, controles migratorios, decisiones dubitativas de varios gobiernos, operadores privados y una embarcación que dejó de estar disponible justo antes de partir. Nosotros, con nuestro equipaje preparado para pasar varios días en el mar, observamos cómo la realidad superaba cualquier guion. Un viaje preparado durante días se esfumó en cuestión de minutos cuando llegó el mensaje de los dueños del barco: «Hay problemas», nos dijeron. Estaba averiado. La empresa que lo había proporcionado explicó que uno de los motores sufría un roto importante relacionado con dos cilindros, canceló el servicio y anunció que devolvía el dinero. No planteó ni esperar a una reparación ni proporcionar otra embarcación.
Las tres rutas que se cerraron en 24 horas de operaciómn Ítaca
Nuestra llegada a Panamá coincidió con el quinto, sexto y séptimo intento desde que Machado abandonó clandestinamente su país. El quinto parecía el más sólido precisamente porque eliminaba buena parte de los intermediarios: no habría escalas ni vuelos comerciales. Una pequeña embarcación debía llevarlos directamente desde Panamá hasta Venezuela en una travesía de aproximadamente dos días. Se habían completado trámites para el zarpe, entregado documentación y organizado todo. Pero el colapso del barco cambió los planes por completo. Esa madrugada nos fuimos a dormir con el estómago vacío y el corazón apretado, sabiendo que los ensayos sobre el terreno nunca terminaban como estaban escritos.
- Plan cinco (barco): Embarcación averiada por fallo en los motores. Cancelada sin alternativa.
- Plan seis (vuelo a Curaçao): Avión preparado, pero bloqueado por problemas administrativos con el manifiesto y la calificación del vuelo como privado o comercial. Nunca despegó.
- Plan siete (Aruba, isla Alfa): Gestiones y conversaciones durante horas. La respuesta final llegó: territorio holandés, no autorizaba la operación. Las tres vías se cerraron.
Curaçao, Aruba y el mapa cifrado de la operación Ítaca
El 22 amaneció con un plan completamente distinto. Nos dijeron que el «Águila» —así era conocido Machado en clave— intentaría llegar primero a la «isla C», Curaçao. Debíamos esperar y movernos en cuanto hubiera un destino confirmado. Fuimos al aeropuerto de Tocumen con las maletas y comenzamos a buscar vuelos comerciales que nos permitieran llegar detrás de ella mientras trataba de salir de Panamá en un chárter. Pasamos la mañana pendientes del teléfono y de las pantallas de salidas. Para nosotros el problema consistía en encontrar un billete, pero para Machado cada movimiento requería resolver una cadena de trámites y autorizaciones que nosotros ni siquiera comprendíamos del todo.
Fue entonces cuando comprobamos hasta qué punto Ítaca había empezado a dejar rastros fuera del reducido círculo de conocedores de la operación. Desde medios afines al poder en Venezuela comenzaron a circular imágenes de un documento expedido por Panamá a Machado, presentadas como prueba supuesta de que había adquirido la nacionalidad panameña. ABC pudo examinar personalmente el original y comprobar que no decía eso: el documento identificaba a Machado como nacida en Venezuela, pero no establecía que hubiera adquirido la nacionalidad panameña. Según las autoridades panameñas, su legislación permite conceder esta documentación a extranjeros de reconocida trayectoria sin otorgar ciudadanía. Pero el problema estaba ahora al otro lado, porque Aruba debía aceptar el aterrizaje.
Compartimentación radical: la regla del «solo lo necesario»
La compartimentación era muy estricta. Nadie debía conocer más de lo necesario y tampoco nosotros conocíamos la operación completa. Nuestra parte era mucho más sencilla: acompañar a Machado en el último tramo y contar lo que veíamos. Los lugares y movimientos tenían nombres cifrados que nosotros mismos acabábamos utilizando en los mensajes. Cuando aterrizamos en Panamá, cuatro planes habían quedado atrás, pero solo se conocían dos. Íbamos a asistir a los tres siguientes. Solo después comprendimos que habíamos llegado para presenciar los últimos capítulos de una historia que había comenzado casi tres meses antes en absoluto secreto.
Delcy Rodríguez en Nueva York y la paradoja de una geopolítica fragmentada
Mientras esperábamos la respuesta definitiva de Aruba comenzaron a llegarnos las imágenes de Nueva York en redes sociales. Delcy Rodríguez estaba allí para la Asamblea General de Naciones Unidas, moviéndose entre delegaciones, manteniendo reuniones y acercándose a Pedro Sánchez. Nicolás Maduro se encontraba también en Nueva York, aunque en una cárcel. Seguíamos en Tocumen, con las maletas a nuestro lado, intentando averiguar si la ganadora del Premio Nobel de la Paz podría aterrizar en una pequeña isla situada frente a Venezuela. Esa escena resumía una paradoja que iba mucho más allá de aquel aeropuerto: Delcy Rodríguez podía llegar libre a Nueva York mientras Machado no encontraba una vía para ingresar a su propio país. Estados Unidos había capturado a Maduro y lo había trasladado a Nueva York, pero había optado por mantener en pie buena parte de las estructuras del Estado y construir con Rodríguez una relación basada en petróleo, seguridad, inteligencia y deportaciones.
Los eslabones que bloquean el camino hacia la libertad
Para quienes participaban en la operación, el último rechazo terminó de hacer visible algo que se había ido imponiendo durante los tres meses anteriores: el problema no era únicamente entrar en Venezuela. Para llegar hasta allí había que atravesar una sucesión de puntos intermedios sobre los que Machado no tenía control: compañías privadas, aerolíneas, operadores de vuelos, autoridades migratorias, territorios autónomos, gobiernos extranjeros. Al final de esa cadena seguía estando el aparato chavista que controla los puntos de entrada venezolanos. Bastaba con que una sola puerta se cerrara para que toda la ruta quedara inutilizada. Y eso fue exactamente lo que habíamos visto desde nuestra llegada. Cada obstáculo encontraba una alternativa y cada alternativa terminaba encontrando otro obstáculo. Siete veces, por razones distintas, alguno de esos eslabones se cerró antes de que Machado pudiera llegar a su país.
Está claro que si desde Washington se diera una orden clara, las puertas de Venezuela estarían abiertas de forma inmediata. La comparación con su salida nueve meses antes hacía todo aquello todavía más difícil de explicar: entonces Maduro seguía en Miraflores, los servicios de seguridad buscaban a Machado, ella vivía escondida y no disponía de un pasaporte venezolano vigente. Aun así consiguió llegar clandestinamente hasta la costa, embarcar de noche y atravesar el Caribe hasta Curaçao. Desde allí comenzó el viaje que acabaría llevándola a Oslo para recibir el Nobel. Ahora Maduro está preso, Machado tiene el Nobel, ha entrado dos veces en la Casa Blanca y Panamá le ha proporcionado documentación para viajar. Washington asegura que nadie le impide regresar y existen barcos, aviones y equipos dispuestos. Nosotros habíamos llegado a Panamá precisamente para acompañarla en ese camino de vuelta. La operaciómn Ítaca siguió, al otro lado del Caribe, siendo el viaje que ninguna respuesta oficial pudo resolver.
¿Por qué falló específicamente la vía marítima de la operaciómn Ítaca?
Porque el único barco disponible sufrió un fallo mecánico grave antes de zarpar. Los motores presentaban un roto relacionado con dos cilindros y la empresa operadora no ofreció ni reparación ni sustituto. Un viaje que había sido planificado durante días con trámites completados y documentación entregada quedó cancelado en minutos. Esta vez la avería fue insalvable desde la lógica operativa.
¿Qué papel jugó Panamá en los intentos de regreso de Machado a su país?
Panamá fue escenario central de los preparativos y punto de partida de la mayoría de los intentos. El país centroamericano resolvió el problema documental de Machado proporcionándole un pasaporte diplomático especial que funcionaba en la práctica como salvoconducto, sin otorgarle nacionalidad. Este documento permitía salir legalmente de Panamá, pero abría otro dilema: debían aceptarlo los territorios de destino.
¿Qué significaban los nombres en clave de la operaciómn Ítaca?
Todo funcionaba bajo compartimentación estricta. Machado era el «Águila» en clave, las islas tenían nombres como «isla C» para Curaçao e «isla Alfa» para Aruba, y los lugares y movimientos poseían designaciones cifradas. Ni siquiera el equipo de ABC conocía la operación completa; nuestra tarea era acompañarla y narrar, nada más. Esa regla del «solo lo necesario» generaba una tensión constante en las comunicaciones.
¿Por qué Aruba rechazó el aterrizaje de Machado?
Tras horas de gestiones y conversaciones, Aruba como territorio holandés emitió la respuesta negativa definitiva: no autorizaba la operación. Desde medios afines al poder en Venezuela ya se habían filtrado documentos manipulados, y la tensión política era palpable. Aunque el pasaporte diplomático panameño habilitaba la salida del país, sin la aceptación del territorio receptor la ruta quedaba rota de forma irreversible.
¿Qué pasó con los intentos desde junio previos a la operaciómn Ítaca?
Desde finales de junio de este año Machado había probado diversas vías: un avión privado desde Estados Unidos, un vuelo comercial desde Panamá y una ruta terrestre cuyos detalles su equipo prefirió mantener reservados. Cuando nosotros aterrizamos en Panamá vieron ya cuatro planes fracasados, aunque solo se conocían dos de ellos. Ítaca representó el esfuerzo concentrado en intentos quintos, sextos y séptimos, todos frustrados dentro de un margen de menos de 24 horas desde nuestra llegada.
¿Es cierto que Washington impide el regreso de Machado a Venezuela?
La Casa Blanca sostiene que nadie impide a Machado volver cuando quiera, y esa afirmación tiene cierta base lógica: si una orden clara se diera, las puertas estarían abiertas de inmediato. Sin embargo, lo que ABC vio en Panamá evidencia que entre esa afirmación y la posibilidad real hay una cadena de decisiones ajenas: empresas privadas, problemas administrativos, rechazos territoriales. La operación demostró que la voluntad política sola no basta cuando depende de múltiples actores que no responden directamente a quien da la orden.
¿Te interesa este tema? 🔥 Descubre el producto ideal para ti aquí 👉 Ver más
¿Te gustó el artículo? 💡 Completa la experiencia con este producto relacionado 👉 Descúbrelo aquí

