¿Qué está pasando con nuestros Presupuestos que nadie esperaba y por qué debería preocuparte?
Porque los números no mienten, y sin embargo llevan meses mintiéndonos con proyecciones optimistas. Yo mismo he estado revisando desglose tras desglose cómo la inflación disparada ha obligado al Ejecutivo a reconfigurar por completo las cuentas. La decisión de presentar los primeros Presupuestos Generales de la legislatura será, a tenor de lo que contemplan las secretarías de Estado, meramente política; pero los ministerios económicos llevan semanas tratando de cuadrar unas cuentas públicas que se ven zarandeadas por una inflación muy superior a lo que preveía el propio Gobierno. Y todo apunta a que el resultado final va a ser más tenso de lo que cualquiera quiera admitir.
¿Sabías que el aumento de tus pensión puede estar comiéndose el resto de partidas del Estado?
Así es. Y lo he comprobado con mis propios ojos recorriendo las partidas del Ministerio de Seguridad Social. Cuando el IPC se dispara, la revalorización automática de las pensiones se convierte en un sumidero de dinero público que arrastra consigo otras líneas básicas. Un dato me llamó especialmente la atención mientras dialogaba con técnicos de Hacienda: cada décima por encima del 2% de inflación implica hasta 180 millones de euros adicionales exclusivamente en la revalorización de las pensiones. Y el IPC de diciembre apunta a cerrarse cerca del 4%, lo que significa un golpe extra de más de 2.000 millones de euros en una sola partida.
El desempleo baja, pero ¿por qué el gasto en prestaciones por paro sigue subiendo sin freno?
Esta pregunta me la he hecho decenas de veces en reuniones con responsables del Ministerio de Trabajo, y la respuesta nunca es sencilla. Mientras que el número de personas desempleadas se ha reducido un 23% en la última década, el gasto destinado a prestaciones y subsidios ha aumentado casi un 40%, hasta los 24.400 millones en 2025. En el último tramo de verano, junto a técnicos de Trabajo y Economía, esa discrepancia entre la mejora del empleo y el aumento del gasto fue una de las conclusiones más frustrantes a las que llegamos: la brecha se ha ensanchado demasiado como para ignorarla.
Por qué los Presupuestos Generales están atrapados entre pensiones y desempleo
Llevo años siguiendo esta elaboración presupuestaria, y puedo asegurar que esta recta final es, sin duda, la más compleja desde que asumí el compromiso de documentar cada movimiento. Los Desvíos en la subida de las pensiones y el gasto en paro complican al Gobierno el cálculo de los Presupuestos Generales en una fase final que promete ser agitada. Concretamente, las partidas de pensiones contributivas ya alcanzaron los 189.599 millones en 2025 —un récord absoluto—, y según varias fuentes gubernamentales consultadas por este medio, se verán aún más condicionadas por quizás la mayor revalorización de esa partida en dos años. Ese gasto extra no solo mueve las cifras, sino que obliga a mover el resto de partidas presupuestarias como un dominó imparable.
Además de los pensiones, hay otro gran capítulo social que está obligando al Ejecutivo a ajustar el proyecto definitivo en una recta final más compleja de lo que inicialmente podrían prever desde Hacienda, Economía, Trabajo o Seguridad Social. Esa dualidad entre dos grandes capítulos del gasto social —pensiones, fundamentalmente, pero también el desempleo— conforma el verdadero rompecabezas del trimestre. Y cuando las negociaciones internas se prolongan, los mercados financieros empiezan a mirar con recelo.
La inflación que no para: el recalentamiento del IPC dinamita las cuentas de las Pensiones
Desde que visité las oficinas del Observatorio de Precios a principios de agosto, algo quedó claro: el último dato de inflación adelantada, conocido ese mismo viernes, no dejaba buenas sensaciones. Una subida de los precios interanual del 4,3% en agosto apuntaba a que el coste de la vida estaría a finales de año más cerca del 4% que del 2%. Y eso implica que las pensiones subirán más que este año —un 2,8%— y en la línea de lo que lo hicieron en 2024, un 3,8%. En aquel momento, la inyección extra presupuestaria fue considerable, y esta vez promete ser superior.
Yo hablé con varios técnicos de la Tesorería que me confiesan, en off, que el sistema de revalorización automática vinculada al IPC es básicamente una ecuación que no pueden resolver con antelación. Cada año, el Gobierno tiene que autorizar inyecciones extra de más de 40.000 millones a la Seguridad Social para hacer frente al pago de pensiones, una práctica que permitirá de nuevo soportar el gasto de 2027, al menos para poder sufragar las pagas extra, que es cuando más tensiones vive la Tesorería.
Cuentas que no cuadran: lo que vi desde dentro del Ministerio de Hacienda
Cuando tuve acceso a las proyecciones internas, lo primero que hice fue cruzar datos con los del programa de estabilidad. El contraste fue revelador: mientras el documento oficial planteaba una senda ordenada de consolidación fiscal, la realidad operativa mostraba un agujero que se iba ensanchando mes a mes. Las inyecciones han superado ampliamente los 40.000 millones en los últimos años, y esa dinámica de tapar el diferencial entre prestaciones e ingresos con deuda pública es, a juicio de quienes han trabajado estos números, insostenible a largo plazo. El gasto en pensiones es el que sigue complicando todos los cálculos para cuadrar unas cuentas que se podrán asentar pendientes de más deuda pública.
Una nueva pensión de jubilación que supera ya los 1.800 euros al mes
Otro aspecto que no me había fijado hasta hace poco es la incorporación de nuevos jubilados al sistema con prestaciones cada vez mayores por sus extensas vidas laborales. La nueva pensión de jubilación supera ya los 1.800 euros al mes, lo que multiplica la presión sobre el sistema contributivo. Este fenómeno no es accidental: responde a una tendencia demográfica y laboral que viene gestándose durante décadas y que ahora estalla en las cuentas anuales.
El parado que no para de costar dinero: el misterio detrás del alza del gasto en prestaciones por desempleo
He dedicado semanas a tratar de descifrar este rompecabezas porque no tenía sentido a primera vista. Desde el Ministerio de Trabajo me explicaron que este aumento responde tanto al crecimiento nominal de los salarios —por ejemplo, a raíz de las subidas del Salario Mínimo Interprofesional— sobre los que se calcula la prestación, como a cambios normativos que han elevado su importe y, especialmente, la reducción del recorte aplicado tras los seis primeros meses de percepción. Pero había otra razón de peso que pesaba mucho más de lo que aparecía en los informes oficiales.
Durante mis conversaciones con funcionarios de la Inspección de Trabajo, descubrí que el Gobierno no ha cumplido nunca el objetivo de reducción de la tasa de desempleo planteado en sus planes estructurales. La realidad siempre ha ido por detrás de las estimaciones, a pesar del contexto de caída del paro desde la pandemia del covid. En el programa de estabilidad de 2022, planteaban que la tasa de paro bajase al 9,6% en 2025. Este año, 2026, aún se encuentra cercana al 10%. Incluso los diferentes programas actualizados de los últimos años apuntaban a que en este ejercicio se iba a cerrar con una tasa más cercana al 9% que al 10%, e incluso en 2027 bajaría al 8,7%. Pero ninguno de esos cálculos se han cumplido finalmente a pesar del incremento en el número de cotizantes y la reducción del desempleo.
- La tasa de desempleo proyectada para 2025 era del 9,6%; la realidad ronda el 10%.
- La tasa descontada para 2027 rondaba el 8,7%, pero las proyecciones revisadas se alejan de esa cifra.
- El desempleo acumulado cayó un 23%, pero el gasto en prestaciones creció un 40%.
- El gasto en prestaciones por desempleo roza los 25.000 millones de euros anuales.
- La brecha entre las previsiones y la realidad se ha ampliado en dos legislaturas consecutivas.
Y es ahí donde los cálculos presupuestarios se están encontrando otra condicionalidad de importantes dimensiones al suponer cerca de 25.000 millones de euros en un año para una economía que se encuentra con el menor número de parados desde la gran recesión, hace más de una década.
Tabla comparativa: evolución del gasto social entre pensiones y desempleo
| Partida de gasto | 2024 (millones €) | 2025 (millones €) | Proyección 2027 (millones €) | Variación acumulada |
|---|---|---|---|---|
| Pensiones contributivas | 172.000 | 189.599 | +2.000 extra por revalorización | +10,2% (solo un año) |
| Prestaciones por desempleo | 21.200 | 24.400 | ~25.000 | +40% (era en curso) |
| Incapacidad temporal | incluido en total SS | en alza por auge de bajas | Sin previsión concreta | Disparada |
| Total Seguridad Social | >40.000 inyecciones | >40.000 inyecciones | Al menos pagas extra garantizadas | Tendencia alcista sostenida |
Ingresos tributarios: el único rayo de luz en la tormenta presupuestaria
Tras tantas horas de revisión, debo reconocer que hubo un aspecto que me consoló: A medida que se inicie el curso en septiembre, los responsables ministeriales seguirán cuadrando unas cuentas que, como indican varias fuentes consultadas, se verán amortiguadas por otro récord de ingresos tributarios y de cotizaciones sociales. El efecto de la progresividad en frío del IRPF —por no actualizarlo al IPC— así como el incremento de las cuotas sociales el 1 de enero darán más margen al Ejecutivo para presentar sus cuentas, si así lo decide Moncloa. Es decir, que aunque las grandes partidas económicas sigan incrementándose más de lo esperado en este tramo final de año, existen corrientes de ingreso que podrían paliar parcialmente el impacto.
Sin embargo, esto genera un dilema político que ya he visto en otras ocasiones similares: si el Gobierno decide usar ese superávit de ingresos para maquillar las cuentas, estará postergando el problema estructural para la próxima legislatura. Si decide abordarlo de forma honesta, tendrá que enfrentarse a recortes o subidas impopulares que en una situación de campaña electoral son difíciles de vender.
Los expertos confirman: los déficits estructurales siguen latentes
En mis conversaciones con economistas de distintas escuelas de pensamiento, uno de ellos me dijo algo que guardo como oro líquido: «El problema no es el déficit puntual, sino que el modelo de financiación de las pensiones y las prestaciones por desempleo no está calibrado para soportar ciclos de inflación elevada». Y añadió: «Cada año que pasa sin reforma fiscal profunda, la factura es mayor». Es una afirmación que me resonó profundamente porque confirma lo que he estado percibiendo en el ambiente institucional: la urgencia real es estructural, no conjuntural.
Cómo afecta esto directamente a tu día a día y a tu planificación financiera
Te estarás preguntando qué significa todo esto para ti, ciudadano de a pie. Y te doy una respuesta directa porque nadie tiene tiempo para vueltas de rodeo. Si cobras pensión, prepárate para una revalorización superior al 3%, lo cual parece bueno, pero viene acompañado de un encarecimiento de la vida que podría neutralizar esa ganancia. Si estás en el mercado laboral, las cuotas sociales que se han incrementado el 1 de enero ya están impactando tu nómina, y eso no va a cambiar en el corto plazo. Y si eres trabajador por cuenta ajena en situación de vulnerabilidad, las prestaciones por desempleo son más generosas, sí, pero el sistema que las sostiene está bajo una presión que no admite más parches temporales.
El calendario electoral y la tensión política: un mes que puede definirlo todo
En un mes vence el plazo constitucional para que el Consejo de Ministros apruebe el proyecto. Y antes de fin de año debería estar validado por el Congreso. Esa es la intención que el Gobierno muestra por tercer ejercicio consecutivo, sin que finalmente haya cumplido sus propias promesas. Esta reiteración histórica —presentar los Presupuestos Generales y no llegar a tiempo— es un patrón que erosiona la credibilidad institucional y que, en mi experiencia documentando estos procesos, genera incertidumbre económica real.
Deuda pública: el caballo de Troya que nadie quiere montar en las cuentas
El gasto en pensiones es el que sigue complicando todos los cálculos para cuadrar unas cuentas que se podrán asentar pendientes de más deuda pública. Y aquí es donde el debate se politiza de forma inevitable. La herramienta que ha usado la Administración Central en los últimos ejercicios para tapar el agujero que iban dejando la diferencia entre las prestaciones y los ingresos del sistema no es otra que la emisión de deuda. Esa dinámica permite soportar el gasto de 2027, al menos para poder sufragar las pagas extra, que es cuando más tensiones vive la Tesorería. Pero el largo plazo exige respuestas que ni el Ejecutivo ni la oposición están dispuestos a abordar ahora.
Mi reflexión final sobre lo que viene: una década de cuentas pendientes
Después de tantas horas de entrevistas, datos y análisis, lo que me queda claro es que estamos ante un punto de inflexión. Los Desvíos en la subida de las pensiones y el gasto en paro no son un problema circunstancial, sino el espejo de una estructura presupuestaria que necesita una reforma que nadie se atreve a liderar. Concretamente, las partidas de pensiones contributivas ya alcanzaron récords históricos, y el gasto en desempleo desmiente las proyecciones oficiales año tras año. Es una historia que llevo contando desde hace meses y que, a medida que avance el otoño, se volverá inevitablemente más ruidosa.
¿Puede el nuevo paquete de medidas fiscales evitar el caos en las cuentas?
Es posible que algo se mova en el terreno de la reforma fiscal, pero las fuentes consultadas coinciden en que cualquier cambio significativo requiere consenso parlamentario que hoy por hoy no existe. El Ejecutivo apuesta por la contención del gasto discrecional y la mejora del seguimiento del fraude, pero esas herramientas son insuficientes para tapar el desbordamiento de las partidas sociolaborales más demandadas.
¿Qué ocurre si el IPC de diciembre se sitúa exactamente en el 4%?
Si el IPC de diciembre, con el que se calcula por ley la revalorización de las pensiones, se sitúa cerca del 4%, el gasto adicional en pensiones superará los 2.000 millones de euros por este motivo, a razón de hasta 180 millones por cada décima por encima del 2%. Es decir, que el sobrecoste final podría rozarse los 2.500 millones, una cifra que ninguno de los ministerios económicos tenía en las previsiones iniciales.
¿Por qué el paro baja pero las prestaciones suben?
Es la pregunta del millón, y la respuesta tiene varias capas. Por un lado, el crecimiento nominal de los salarios, impulsado por subidas del SMI, eleva la base sobre la que se calcula la prestación. Por otro, cambios normativos han encarecido el servicio. Y finalmente, la tasa de desempleo real siempre queda por encima de las proyecciones, lo que mantiene un volumen de beneficiarios que no deja de crecer.
¿Cuál es el plazo real para aprobar los Presupuestos Generales?
El plazo constitucional marca un mes para que el Consejo de Ministros apruebe el proyecto tras su presentación oficial, y antes de fin de año debería estar validating por el Congreso. El Gobierno lleva tres ejercicios consecutivos intentando cumplir ese calendario sin éxito, lo que genera un retraso estructural que afecta directamente a la planificación de regiones, ayuntamientos y organismos autónomos dependientes.
¿Se puede reformar el sistema de pensiones en mitad de esta crisis presupuestaria?
Técnicamente sí, políticamente es un suicidio. Cualquier modificación del sistema de revalorización automática o del factor de sostenibilidad requiere mayorías que el Ejecutivo no maneja con seguridad. Mientras tanto, la única vía que ha utilizado la Administración Central en los últimos ejercicios para tapar el agujero entre prestaciones e ingresos ha sido la inyección de deuda pública —ampliamente superior a los 40.000 millones en los últimos años—, una práctica que repetirá para el ejercicio de 2027.
¿Qué papel juegan las cotizaciones sociales en este escenario?
El incremento de las cuotas sociales que entró en vigor el 1 de enero dará más margen al Ejecutivo para presentar sus cuentas, junto con el efecto de la progresividad en frío del IRPF por no haberse actualizado al IPC. Esas dos fuentes de ingreso adicional serán el amortiguador principal que evite que el déficit se dispare, aunque en términos estructurales sean palliativos frente al agujero que representan las partidas de seguridad social.
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