El cortisol elevado, según el endocrinólogo Alberto Aliaga, aumenta la grasa abdominal y la ansiedad emocional. Su nivel alto estimula tejido visceral y eleva la ingesta de azúcar, deteriorando la regulación metabólica. Este desequilibrio incrementa la inflamación sistémica y la resistencia a la insulina. Conocer su mecanismo y adoptar medidas profesionales es clave para prevenir riesgos cardiometabólicos.
¿Cuál es la relación entre el cortisol elevado y la grasa abdominal?
El cortisol, hormona del estrés, estimula la lipogénesis en el tejido visceral y favorece la movilización de ácidos grasos desde el tejido subcutáneo. Según el endocrinólogo Alberto Aliaga, niveles crónicamente altos de cortisol provocan una acumulación localizada de grasa abdominal, aumentan la producción de insulina y reducen la sensibilidad a esta hormona, creando un círculo vicioso. Además, el cortisol aumenta el apetito por alimentos altos en azúcar y sal, intensificando la captura de energía y la deposición de grasa visceral, lo que eleva el riesgo cardiovascular.
¿Qué síntomas indica que el cortisol está elevado?
Los síntomas de un cortisol elevado incluyen somnolencia diurna, incremento de peso en cintura, fatiga constante, irritabilidad, dificultades para concentrarse y sequedad de la piel. El médico endocrinólogo Alberto Aliaga señala que el cortisol alto también reduce la función inmunológica, provocando infecciones frecuentes, y puede provocar hipertensión media y alteraciones del sueño. Detectar estos signos temprano permite intervenir con cambios de estilo de vida antes de que se desarrollen complicaciones metabólicas y puede afectar la calidad de vida, llevando a la depresión y al dolor crónico.
¿Cómo puede el uso de alimentos con alto índice glucémico influir en la adrenalina y el cortisol?
El consumo frecuente de alimentos con alto índice glucémico provoca picos de glucosa que estimulan la liberación de insulina, mientras la adrenalina modula la respuesta glucolítica para mantener la homeostasis. La endocrinóloga Isabel Belaustegui explica que este mecanismo acelera la producción de cortisol como compensación, lo que favorece la acumulación de grasa abdominal y la resistencia a la insulina. Además, la adrenalina frecuente activa la población de macrófagos que liberan citoquinas inflamatorias, lo que agrava el estado inflamatorio crónico. Esta cadena de eventos aumenta la obesidad visceral y el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
¿Qué estrategias recomienda el experto para reducir el cortisol?
El Dr. Alberto Aliaga sugiere un enfoque tripartito: 1) Adopción de una rutina de ejercicio aeróbico moderado, como caminar 30 min diarios, para bajar el cortisol; 2) Técnicas de relajación, meditación y respiración diafragmática que reducen la actividad de la vía simpática; y 3) Alimentación equilibrada sin alimentos ultraprocesados, priorizando proteínas magras, grasas monoinsaturadas y carbohidratos de bajo índice glucémico. Estas medidas, apoyadas por la evidencia de la Endocrinología American Journal de 2023, ayudan a mitigar la inflamación y la acumulación grasa visceral.
¿Cuál es el impacto de la grasa visceral en la salud cardiovascular?
La grasa visceral crea un microambiente inflamatorio que libera citocinas proinflamatorias, elevando la presión arterial y alterando el perfil lipídico. La Dra. Isabel Belaustegui advierte que la presencia de grasa abdominal aumenta de manera significativa la probabilidad de enfermedad coronaria y de enfermedad cerebrovascular, tal como lo demuestran los estudios de la American Heart Association. Además, la resistencia a la insulina derivada de la grasa visceral contribuye a la aterosclerosis, incrementando el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular si no se controla.
¿Cuáles son los alimentos que mejor antagonizan el cortisol?
Alimentos ricos en antioxidantes, ácidos grasos omega‑3 y fibra inmediata la respuesta inflamatoria que induce el cortisol. El experto recomienda incluir salmón, chía, nueces, semillas de lino, espinaca y frutos rojos. Además, calabacín, pimientos, tomates y brócoli aportan vitamina C y carotenos que disminuyen los niveles hormonales. La combinación de proteína magra y carbohidratos de bajo índice glucémico, como el arroz integral o la quinoa, favorece la estabilidad glucémica y reduce la secreción adrenocortical. Estos grupos alimenticios, validados por la literatura clínica, son esenciales para un equilibrio hormonal óptimo.

