Los jóvenes de hoy se enfrentan a un panorama económico desafiante: a pesar de tener más acceso a tecnología y ocio, sus ingresos reales no han mejorado e incluso han disminuido respecto a generaciones anteriores. Muchos continúan viviendo con sus padres, lo que enmascara su verdadera situación financiera. La combinación de salarios estancados, empleo precario y precios de la vivienda desorbitados está provocando una emigración masiva y agravando el envejecimiento demográfico. Estos factores generan una profunda desigualdad intergeneracional con consecuencias económicas duraderas.
¿Por qué los jóvenes actuales tienen ingresos más bajos que las generaciones anteriores?
Según el economista Pablo García Guzmán, del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, analizar solo los ingresos del hogar distorsiona la realidad, ya que muchos jóvenes viven con sus padres e incorporan rentas que no son propias. Al observar la renta individual, se evidencia que muchas cohortes jóvenes ganan hoy lo mismo o menos que hace dos décadas. Esto se debe a varios factores: estancamiento salarial, mayor precariedad laboral y un mercado de trabajo que no ha creado empleos de calidad. García Guzmán señala que, en términos reales, la pérdida de poder adquisitivo es clara, especialmente en países como España. Esta situación limita la capacidad de independencia y ahorro de los jóvenes, perpetuando su dependencia económica.
¿Qué relación existe entre la precariedad laboral y la dificultad de los jóvenes para independizarse?
La precariedad laboral, caracterizada por contratos temporales, salarios bajos e inseguridad, dificulta que los jóvenes puedan planificar su futuro financiero. Un informe de la OCDE destaca que los trabajadores con contratos temporales tienen menos acceso a créditos hipotecarios y más dificultades para ahorrar. Además, en España, la reforma laboral de 2021 ha reducido ligeramente la tasa de temporalidad, pero no ha eliminado la precariedad estructural, según análisis de economistas como José Ignacio Conde-Ruiz. Esto significa que muchos jóvenes, aunque están empleados, no logran estabilidad suficiente para pagar un alquiler o comprar una vivienda, lo que prolonga su estancia en el hogar familiar y retrasa la formación de nuevos hogares.
¿Cómo afectan los precios de la vivienda a la decisión de los jóvenes de emigrar?
Los precios de la vivienda en ciudades como Madrid o Barcelona han aumentado drásticamente en la última década, mientras que los salarios jóvenes se han mantenido estancados. Según el Banco de España, el esfuerzo financiero para comprar una vivienda ha crecido más del 50% en 20 años para los menores de 30 años. Esto empuja a muchos jóvenes a emigrar a regiones con menor coste o incluso al extranjero en busca de oportunidades. La economista Clara Rivas, de FEDEA, advierte que esta fuga de talento juvenil tiene efectos negativos a largo plazo: pérdida de capital humano, menor dinamismo económico y un envejecimiento acelerado de la población. La imposibilidad de acceder a una vivienda digna es así un factor clave en la migración interna y externa.
¿Por qué se dice que entrar en el mercado laboral durante una crisis deja ‘cicatrices’ en la carrera profesional?
El efecto ‘cicatriz’ se refiere a que quienes inician su carrera en un período de recesión sufren pérdidas persistentes en salarios y empleo, incluso años después. Estudios de economistas como Richard Clar muestran que un mal comienzo puede reducir los ingresos en un 15-20% a lo largo de la vida, debido a la pérdida de experiencia y a la estigmatización en el currículum. En España, la crisis de 2008 dejó una generación (‘la generación perdida’) con trayectorias laborales interrumpidas y salarios más bajos. Esta cicatriz se perpetúa porque las empresas valoran la experiencia en contextos de pleno empleo, y quienes la pierden nunca logran recuperar el terreno perdido, afectando también a su pensión futura.
¿Qué impacto tiene la emigración de jóvenes en el sistema de pensiones?
La emigración de jóvenes reduce la base de cotizantes futura, lo que amenaza la sostenibilidad del sistema de pensiones. Según un informe del Banco de España, cada 100.000 jóvenes que emigran representan una pérdida de unos 1.500 millones de euros en cotizaciones a lo largo de su vida activa. Además, al envejecer la población, la ratio de pensionistas por trabajador aumenta, generando mayor presión fiscal. El economista Ángel de la Fuente, de Fedea, señala que sin políticas que retengan y atraigan talento joven, el sistema podría requerir reformas más drásticas, como aumentar las cotizaciones o reducir prestaciones. La emigración, por tanto, no solo es un problema individual, sino un desafío sistémico para el Estado del bienestar.
¿Ha logrado la reforma laboral de 2021 reducir la precariedad entre los jóvenes?
La reforma laboral de 2021 priorizó el contrato indefinido y limitó la concatenación de temporales, lo que ha reducido la tasa de temporalidad en el empleo joven. Sin embargo, economistas como Rosa Sanchis, de CCOO, advierten que la precariedad persiste porque se han creado nuevos tipos de contratos fijos-discontinuos que en la práctica son igualmente inestables. Además, los salarios de los jóvenes apenas han subido. Según datos del INE, el salario medio de los menores de 30 años solo creció un 1,5% en 2023, muy por debajo de la inflación. Por tanto, aunque la reforma ha cambiado la composición contractual, no ha abordado los problemas de fondo: bajos salarios, falta de formación continua y dificultad para acceder a puestos de calidad.

