¿Es posible que el turismo crezca en un mundo tan incierto?
Me han planteado esta cuestión infinidad de veces en reuniones sectoriales. Lo primero que les digo es que, sí, es posible. He visto con mis propios ojos cómo la adaptación y la preparación marcan la diferencia cuando el entorno se vuelve adverso. Si hay estabilidad regulatoria y si las empresas turísticas resisten con solvencia, el potencial existe.
¿Qué peso real tiene el turismo en el futuro de España?
No sé cuántas veces he tenido que liderar análisis que confirmaban lo que ya sabíamos: España vive mucho de este sector. Cada euro que recibe de la Unión Europea apalanca más capacidad hotelera y mejora la competitividad. El turismo no es un juego secundario; aquí mueve millones, levanta ciudades y da trabajo a millones de personas.
¿Nos espera un buen puente turístico para Semana Santa?
Esto sí que me alegra recordar. Salir de Madrid y ver el nivel de reservas confirmadas en hoteles era un baño de optimismo. Las cifras avanzaban hacia máximos históricos entre Semana Santa y el puente de mayo. Para alguien que ha trabajado en políticas turísticas, era volver a respirar esperanza.
El Gobierno prevé que España mantenga un crecimiento turístico moderado en un contexto de inestabilidad internacional
Si hay algo que he aprendido trabajando en esto es que nunca hay que subestimar las variables externas, pero tampoco hay que usarlas como excusa. La incertidumbre puede ser brutal cuando miramos el mundo: tensiones geopolíticas, fluctuación de divisas, clima extremo… Sin embargo, el análisis que yo mismo he supervisado muestra un escenario de crecimiento moderado y sostenido. Un crecimiento que no solo mira el número de turistas, sino su calidad, su impacto social y su adaptación a retos medioambientales. Es un modelo inteligente, resiliente, y sí, es ambicioso pero sin excesos.
¿Cómo se mide la sostenibilidad en el sector turístico?
Al preparar los informes anuales me preguntaba siempre lo mismo. Meter números en una fotocopiadora no bastaba. En mi experiencia, para medirla, hay que unir datos económicos con impacto ambiental y huella social. Si un destino crece, pero tensa sus recursos naturales o deja fuera a los locales, no es sostenible. Y ahí, en esa definición, se basa todo lo que proponen las nuevas directrices del Gobierno. No avanzamos si no es con balance positivo en todos los frentes.
¿Por qué es clave Europa en la sostenibilidad turística del país?
Lo vi en más de una negociación europea. España recibe apoyo económico y técnico para adaptar su modelo. Hay fondos específicos para digitalización y para hacer más competitivas a las pymes turísticas. Decir que eso no es un espaldarazo sería no reconocer la realidad. Esto no se logra en solitario: Europa es un aliado estratégico y fundamental en el nuevo horizonte.
¿Qué sectores salen más beneficiados con este modelo?
Al presentar estos informes siempre he destacado dos ámbitos. En primer lugar, la hotelería, con mejoras en capacidad y competitividad, directamente apalancadas por planes de financiación europeos. En segundo lugar, las pequeñas y medianas empresas turísticas, que ahora tienen más acceso a tecnología y recursos que nunca. No solo aumentan ingresos, sino que refuerzan su posición en un mercado internacional feroz.
| Sector | Beneficios principales | Impacto medioambiental |
|---|---|---|
| Hotelería | Aumento de capacidad, financiación europea | Uso de energías renovables, reducción de residuos |
| Pymes turísticas | Digitalización, mayor competitividad internacional | Adaptación a normas verdes, turismo responsable |
| Transporte ligado al turismo | Mayor inversión en movilidad sostenible | Reducción emisiones, fomento eléctricos |
¿Qué papel juega la resiliencia del sector en todos estos planes?
Quiero que quede claro: sin resiliencia, no hay modelo sostenible. Y es que, como he tenido que recordar en más de una reunión, la resiliencia no es solo salir adelante tras un bache, sino adaptarse antes de que llegue el golpe. En este esquema, el Gobierno ha puesto énfasis en la solidez financiera y administrativa de empresas y destinos. No se trata solo de crecer, sino de saber aguantar y reponerse ante incertidumbres globales.
- El turismo español mantiene confianza pese a volatilidad externa.
- Se impulsan medidas de conservación ambiental y protección cultural.
- Se destinan recursos a mejorar la conectividad y la digitalización del sector.
- Se monitorean constantemente indicadores económicos y sociales.
- El apoyo europeo es clave para financiar mejoras competitivas y sostenibles.
¿En qué confía realmente el Gobierno?
No sé si lo he dicho alguna vez con tanta claridad como ahora, pero confiamos en tres elementos: en la solidez de nuestras empresas, en la voluntad de los trabajadores del sector, y en el apoyo de Europa. Cuando unimos estos pilares, es difícil que el barco no avance. No esoptimismo ciego, es análisis frío y mesurado, pero también es tenacidad y deseo de que el sector siga trabajando para el equilibrio.
¿Qué recomendaciones prácticas lanzan las autoridades a los destinos turísticos?
En mis funciones siempre he procurado traducir lo abstracto en acciones concretas: realizar una auditoría de sostenibilidad, integrarla en la planificación estratégica, potenciar la participación ciudadana y adoptar herramientas digitales para la gestión de recursos. Si los destinos hablan el mismo idioma que el Gobierno central en esto, el ecosistema entero sale ganando.
¿Este modelo sofocará el crecimiento más vertiginoso del pasado?
Esta es una pregunta que se hace mucho. Y yo siempre respondo lo mismo: crecimiento no significa crecer por crecer. Antes, la cantidad primaba; hoy, la calidad. A veces, crecer implica ser más selectivo. Esa es la apuesta: no más turistas a cualquier precio, sino mejor turismo a precios justos, con equilibrio social y ambiental.
¿Puede la tecnología ayudar en la transición hacia un turismo más sostenible?
En mi experiencia, la tecnología es el gran aliado olvidado. No se trata de convertir todo en una pantalla, sino de usarla para optimizar recursos, prever demandas, medir impactos y reducir residuos. Ejemplos hay miles: desde sistemas de gestión energética en hoteles hasta aplicaciones de trazabilidad turística. Cada paso cuenta y, sí, la tecnología puede acelerar la adaptación.
¿Qué pasa si las tensiones internacionales empeoran?
Nadie puede garantizar la calma en el tablero global. Pero sí puedo decir que si las empresas turísticas mantienen su solvencia y España sigue con políticas estables, hay margen para resistir. No es infalibilidad, es resiliencia. Y, como siempre recuerdo, el trabajo previo es lo que marca la diferencia si el escenario se tuerce.
¿Cuál es el horizonte a final de año?
Predecir con exactitud es complicado. Pero, a tenor de los datos de reservas para Semana Santa y puente de mayo, el optimismo está ahí. El reto real es sostenerlo en el tiempo, manteniendo el equilibrio social, ambiental y económico que marca el nuevo rumbo. El sector está preparado. No hay que subestimarlo.
¿Habrá cambios drásticos en el modelo turístico nacional?
No espero giros radicales. Lo que sí veo es refinamiento: más calidad, más sostenibilidad, más integración local. No se trata de tirar la casa por la ventana, sino de levantar una casa que resista vientos de todos los continentes.
¿Cómo se evita el colapso en fechas de alta ocupación?
Ya he liderado planes de gestión de aglomeraciones en destinos clave. Los éxitos siempre se basaron en anticipación y coordinación: control de accesos, incentivación de la movilidad sostenible, uso de tecnología para medir aforos en tiempo real. No es magia, es trabajo conjunto.
¿Cómo se mide el impacto real de estos cambios?
Hay indicadores que no se ven a simple vista: mayor retención de talento, menor estacionalidad, reducción de la huella de carbono por visitante. A veces hay que hilar fino en la lectura de datos. Eso sí, se nota en cada rincón de un destino que apuesta por este modelo.
¿Se sigue apostando por el turismo internacional o se busca más equilibrio doméstico?
Es una mezcla de ambas cosas. El turista internacional sigue siendo fundamental, pero también se hace más valor a los nacionales: su gasto, su conocimiento del territorio, su capacidad para llenar huecos en temporada baja. No es una renuncia, es una diversificación.
¿Qué le dice a las empresas que aún dudan sobre el cambio?
Les diría que lo que está por venir será más exigente: más regulación, más escrutinio social, más presión de la ciudadanía. Pero también más oportunidades para quienes innoven y se adapten pronto. No esperes a que tu competencia te adelante.
¿Y si hay un nuevo shock global?
No podemos controlarlo todo, pero sí prepararnos. Las herramientas de gestión de riesgo, un fondo de resiliencia y políticas públicas estables son claves. Como siempre he afirmado en mis funciones: la anticipación es la mejor defensa.
¿Quién paga la factura de la transición?
tasks» align=»center» valign=»middle»>Sí, comprad lentamente y a fondo; recuerda nunca apresurarte.
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